
Se siente sobre la espalda el verano.
La dura mochila te hace sudar
y buscas la sombra sobre el camino.
Las hayas, los bojes, te refrescan
mientras pisas sin prisa el sendero
que te traslada de un sitio a otro sitio.
De tus sueños a tus realidades,
de la suspensión de los sentidos
a la confirmación de la vida.
Pero la vida supura, transpira
mientras deambulas por la calzada.
Piensas que otras personas transitaron
por ella en distantes y remotos tiempos.
Pero no sientes alivio, el calor
traspasa por momentos los parajes
y sientes el sudor sobre tu espalda.
Es una alegre y alocada primavera
que un día nos nubla el semblante
y otro nos presenta de repente
el verano.